En el cuerpo hay partes que, aunque ocultas, pueden producir las sensaciones más extraordinariamente estimulantes. Son las llamadas zonas erógenas, que poseen la característica de ser altamente excitables eróticamente por los estímulos exteriores, así como también por vía de los estímulos internos provenientes de la actividad cerebral. La piel en sí misma, es una zona erógena por excelencia alcanzando su máxima expresión en la que rodea a los genitales. A ello se agregan las mucosas de la boca, la vagina y el ano.

Cada individuo posee una especial disposición a experimentar más o mejor excitación erótica en determinadas zonas de su cuerpo que en otras, y esto está condicionado por múltiples factores que van desde lo heredo-congénito hasta las experiencias vividas a lo largo de la vida. Pero ninguna zona corporal despertó mas interés y disparó más mitos que el famoso Punto G, o Punto Grafenburg (que se denomina así por su descubridor, el ginecólogo alemán Ernst Grafenburg) Este lo describió como un punto localizado en una zona de la pared anterior de la vagina de la mujer que puede producir una intensa y placentera excitación al ser estimulado.

La respuesta del Punto G consiste en una aguda sensibilidad erótica que suele culminar en un orgasmo acompañado, en algunas mujeres, de lo que parece una eyaculación. Cuando se difundió esta noticia, la gente al igual que en la Quimera del Oro, se lanzó en su búsqueda, en la idea de que se develaba finalmente el secreto del orgasmo femenino. Tanto se habló y se discutió acerca de su existencia que hoy día continúa siendo uno de los motivos de curiosidad más generalizados en el vasto tema de la sexualidad.

En otras mujeres, la zona de máxima excitabilidad se encuentra en el clítoris y otras partes de sus genitales. Sin embargo, no todas las mujeres poseen esta zona sensible. Clásicamente la excitabilidad de la vagina es mayor en su pared anterior, pero queda claro que la posterior y los laterales también lo son, aunque un poco menos.

Este punto es una pequeña zona de la pared anterior de la vagina que puede producir el orgasmo al ser estimulado de forma apropiada.

Para estimular el punto G, la presión directa es mucho más efectiva. Debe partirse de la postura del misionero. Después el hombre debe arrodillarse tomando a la mujer y manteniendo la penetración.

A continuación debe echarse hacia atrás, de forma que el pene haga fuerza contra la zona más elevada de la vagina, y por ello, contra el punto G.

Algunas parejas descubren que, sin tener que moverse, el hombre puede presionar hasta que su compañera llegue al orgasmo.

También, las posturas de penetración por detrás (como la tan nombrada pose "perrito") son especialmente apropiadas si la mujer posee un Punto G sensible ya que resulta más fácil para el pene presionar contra la pared frontal de la vagina.

La respuesta del Punto G consiste en una aguda sensibilidad erótica que acaba en un orgasmo acompañado, en algunas mujeres, de lo que parece una eyaculación. Las mujeres a las que les ocurre informan que de cada cinco orgasmos del punto G, sólo uno puede concluir en eyaculación. Lo cierto es que en la actualidad poco se ha avanzado en la dilucidación del enigmático Punto, pero podemos aventurarnos a considerar que en algunas mujeres puede existir una zona vaginal con mayor excitabilidad localizada en el área descripta y que lo que parece ser una eyaculación, no es más que la emisión brusca del contenido de las glándulas lubricantes.

Como el Punto G se estimula al ser presionado, generalmente esta estimulación suele resultarle más fácil a la pareja ya que la mujer, con sus propios dedos tal vez no alcance a llegar al lugar adecuado.

Cuando la persona realice esto, debe tener cuidado de no apretar demasiado, pues podría resultar doloroso.

Por lo que en definitiva concluimos en que el punto G es un punto sumamente movedizo e inconstante.

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